¿No es a caso absurdo que ahora se quiera abrir los baños de las mujeres a los hombres que dicen ser mujeres? ¿QuĂ© se quiera a las mujeres deportistas a competir con hombres, solo porque Ă©stos se dicen mujeres? ¿No es a caso aberrante que se ingrese a hombres delincuentes a cĂĄrceles femeninas, solo porque el delincuente varĂłn dice que es mujer? Y encima de todo Ă©sto, ¿que despuĂ©s se diga que debe ser en el transporte pĂșblico existir vagones especiales para mujeres, y otros para hombres, supuestamente para acabar con el acoso que sufren por parte de los hombres? MĂĄs lamentable es la irrespinsabilidad con que polĂticos y grupos feministas pretenden hacer ley sus caprichos.
Yo no voy a llamar mujer a un hombre, ni a una mujer le voy a decir hombre por su capricho.